Un plano es mucho más que un dibujo. También es palabras, inicios, historias potenciales. Los planos, en general, tienen la misma utilidad que las listas: ordenan la mente y la dejan funcionando como una pista de patinaje sobre hielo. Limpia, lisa. Por eso creo que los planos son nobles.

A veces sirven para orientarse y otras para buscar cosas, pero hay que saber esto: los planos son potencialidades y nunca garantizan éxito. Parece malo, pero es bueno. Un plano confía en la inteligencia del que lo mira. Eso es franco. Y justo. El plano que indica cómo armar una silla puede llevar a una silla terminada o a una frustración con un montón de partes imposibles de unir. Hay muchos tipos de planos y la palabra, polifónica, expresa diversos significados. Igual, todos los planos tienen algo en común: marcan el inicio de algo. Eso es estimulante.

Si es cartográfico, representa una pequeña región de superficie terrestre y ayuda a llegar a determinados lugares. Señala, indica o marca la ubicación de una ciudad. O de una casa. O de una casa en una ciudad. Es el principio de un recorrido. Sirve para la búsqueda y es una promesa de acción.

Una anécdota con un plano cartográfico. Estuvimos mil horas en un rincón del delta para lograr darnos cuenta para qué lado había que poner el plano. Finalmente pudimos comenzar a perdernos por no entender lo que indicaba el plano. Íbamos en canoa y elegimos mal todos los rumbos. Llegamos a otros lugares. Ese plano fue aventura.

Son lindos los planos cuando mapean algo y a muchos les gusta encuadrarlos para colgarlos en las paredes de sus hábitats. Este es el plano de mi barrio, de mi sección de río, de mi isla, de mi casa, de mi jardín con huerto y lo considero una expresión de las bellas artes. Un viejo poeta inglés que conozco vive en la zona más arrabalera de Barracas y tiene un cuadro de la red de subtes de Londres en su living. Underground al lado de un Molina Campos.

Si representan vistas de objetos, los planos se dividen en varios tipos porque dejan al que los mira parados en distintas posiciones. Los de planta son hermosos, muestran todo desde arriba, son para soñar altura. De planta vería las cosas un gigante si cortara una casa a un metro del nivel del piso.

Una anécdota con un plano de planta. Para hacer una reforma en mi patio hice el plano en mi mente y quedó muy bien. Cuando intenté traspasarlo a la realidad, modificar las cosas como las había planeado, nada era de la medida correcta. Un arquitecto me develó el problema: "Sos una idiota matemática", declaró.

Lejos de enojarme, lo miré tranquila. Me enfoqué en un primer plano de su cara para destruir todo efecto de realidad. Como hacía Bergman. En blanco y negro me acerqué al corazón del propósito y con un primerísimo primer plano busqué mostrar lo que se escondía en esa escena. Le dije, contenta: "Los planos siempre funcionan en la mente". Se lo dije contenta porque creo en eso.